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Blog - 19 DE JUNIO

El problema de tener demasiados agentes de IA en la empresa

Especialistas en ERP SAP
Tiempo de lectura: 13 minutos

La adopción de agentes de IA está avanzando rápido dentro de las empresas. De acuerdo con Gartner, hacia 2026 el 80% de las empresas habrá usado IA generativa en producción, lo que confirma que esta tecnología ya dejó de ser una prueba aislada para convertirse en una decisión operativa.

En Novis llevamos casi 20 años acompañando a empresas de México y Centroamérica en la evolución de sus operaciones tecnológicas, y en los últimos años la conversación con nuestros clientes ha cambiado: ya no es solo “¿deberíamos usar IA?”, sino “¿cómo la controlamos sin poner en riesgo la operación?”.

El problema aparece cuando cada área incorpora agentes de IA por separado, sin una estrategia común, reglas claras o supervisión centralizada. En ese escenario, la IA puede convertirse en una nueva capa de desorden tecnológico: información dispersa, procesos duplicados, decisiones difíciles de rastrear y riesgos sobre datos sensibles, especialmente cuando interactúa con plataformas empresariales como SAP, donde se concentran procesos financieros, logísticos y comerciales clave.

Desde Novis, esta conversación no se entiende como una advertencia contra la IA, sino como parte de la maduración tecnológica que muchas empresas ya están viviendo. El reto no es tener más agentes, sino saber integrarlos, supervisarlos y gobernarlos correctamente para que aporten valor sin comprometer el control de la operación, sobre todo en entornos SAP y sistemas empresariales críticos.

Este artículo aborda por qué tener demasiados agentes de IA sin gobierno puede convertirse en un problema empresarial y qué criterios deberían considerar las organizaciones antes de escalar su uso en procesos vinculados a finanzas, compras, inventarios, ventas o distribución.

Cuando la IA crece más rápido que la estrategia

La inteligencia artificial ya no está entrando a las empresas como una sola gran decisión tecnológica. En muchos casos, llega por partes: un área prueba una herramienta para generar reportes, otra analiza información y otra experimenta con agentes para tareas operativas, incluso en procesos conectados a plataformas como SAP.

El avance puede parecer positivo, pero si cada área adopta agentes de IA por su cuenta, la empresa puede terminar con muchas soluciones activas y poca claridad sobre cómo se conectan, qué datos usan o qué procesos modifican.

Lo hemos visto en organizaciones que operan sobre SAP: en poco tiempo, distintas áreas pueden adoptar herramientas de IA sin que TI tenga visibilidad completa sobre qué datos se usan, bajo qué condiciones o con qué nivel de supervisión. El problema no es la IA; es la ausencia de gobierno.

Ahí empieza el verdadero reto. No se trata solo de saber cuántas herramientas de IA existen, sino quién las supervisa, qué decisiones pueden influir y qué pasa si fallan, por ejemplo, en procesos financieros, logísticos o comerciales dentro de SAP.

Desde Novis, esta evolución forma parte de la maduración tecnológica que viven muchas empresas. La conversación ya no es solo automatizar más, sino hacerlo con control, continuidad y criterio operativo. En entornos SAP, especialmente cuando la IA interactúa con módulos como FI, MM o SD, la eficiencia no puede separarse de la gobernabilidad.

La IA puede acelerar procesos, pero no debería crecer más rápido que la capacidad de la empresa para entenderla, ordenarla y supervisarla. Sin estrategia, la tecnología puede dejar de ser una ventaja y convertirse en una nueva fuente de complejidad.

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Qué son los agentes de IA y por qué están ganando espacio en las empresas

Un agente de IA es una herramienta capaz de realizar tareas de forma más autónoma que un asistente tradicional. No solo responde una pregunta o genera un texto; también puede analizar información, seguir instrucciones, ejecutar pasos, conectar datos y apoyar procesos específicos dentro de una organización.

Por eso están ganando tanto espacio en las empresas. Un agente puede ayudar a ordenar información, generar reportes, responder solicitudes internas, documentar procesos, monitorear ciertos datos, apoyar al equipo de soporte o facilitar tareas repetitivas que antes dependían por completo de una persona.

En la práctica, esto abre una oportunidad importante: liberar tiempo operativo y permitir que los equipos se concentren en decisiones de mayor valor. Sin embargo, también implica una nueva responsabilidad. Mientras más agentes participan en distintas áreas, más importante se vuelve entender qué hacen, qué información usan, qué procesos tocan y bajo qué criterios operan.

Desde la perspectiva de Novis, este avance forma parte de una evolución más amplia en la forma en que las empresas están automatizando sus operaciones y servicios tecnológicos. La IA ya no debe verse únicamente como una herramienta aislada, sino como una capacidad que necesita convivir con sistemas, procesos, datos y reglas de operación existentes.

El valor real de estos agentes no está solo en que automaticen tareas, sino en que puedan integrarse de manera ordenada a la operación. Cuando se implementan con criterio, pueden aportar eficiencia. Pero cuando se adoptan sin control, pueden generar nuevas preguntas sobre seguridad, supervisión, continuidad y responsabilidad dentro de la empresa.

Por qué tener más agentes de IA no siempre significa más eficiencia

En muchas empresas, la llegada de la inteligencia artificial empieza con una idea muy atractiva: si un agente ayuda a trabajar más rápido, entonces tener varios agentes debería multiplicar la eficiencia. Pero en la práctica no siempre funciona así.

Cuando cada área adopta sus propias herramientas de IA sin una estrategia común, la empresa puede terminar con muchas soluciones activas, pero poco conectadas entre sí. Un equipo puede usar un agente para analizar datos, otro para generar reportes, otro para responder solicitudes internas y otro para automatizar tareas operativas.

Cada iniciativa puede tener sentido por separado, pero si no existe una visión general, el resultado puede ser más difícil de administrar. En lugar de simplificar la operación, la IA puede agregar una nueva capa de complejidad.

Algunas señales de que esto empieza a pasar son:

  • Distintas áreas usan herramientas de IA sin compartir criterios.
  • Se automatizan tareas similares con soluciones diferentes.
  • No existe claridad sobre qué información consulta cada agente.
  • Nadie tiene visibilidad completa sobre los procesos automatizados.
  • Los resultados dependen de herramientas que no siempre están supervisadas.
  • La información se dispersa entre plataformas, equipos o flujos de trabajo.

El problema no está en que haya varios agentes, sino en que no exista claridad sobre cómo conviven dentro de la operación. La empresa necesita saber qué tareas puede realizar cada uno, qué datos puede utilizar, qué decisiones puede sugerir y quién valida que sus resultados sean correctos.

Desde la perspectiva de Novis, este punto es clave: el reto no es sumar más tecnología, sino gobernarla correctamente. En especial cuando la IA empieza a tocar procesos, datos o entornos SAP donde se gestionan operaciones financieras, logísticas o comerciales, la eficiencia no puede medirse solo por la velocidad con la que se automatizan tareas. También debe evaluarse por el nivel de control, continuidad y supervisión que la empresa conserva.

Por eso, tener más agentes de IA no garantiza mejores resultados. La verdadera eficiencia aparece cuando esos agentes trabajan bajo una estrategia clara, con reglas definidas, responsables visibles y una integración ordenada con los procesos de la empresa. Sin gobierno, la IA puede acelerar tareas, pero también puede acelerar el desorden.

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Los riesgos de operar agentes de IA sin gobierno

Cuando los agentes de IA se incorporan sin una estrategia común, el riesgo no siempre aparece de inmediato. Al principio, todo puede sentirse más ágil: los equipos resuelven tareas más rápido, generan información en menos tiempo o automatizan procesos que antes eran manuales.

El problema surge cuando esa adopción crece sin reglas claras. Si la empresa no sabe qué agentes están activos, qué datos utilizan, qué decisiones apoyan o quién supervisa sus resultados, la IA puede convertirse en una zona poco visible dentro de la operación, especialmente si empieza a interactuar con información o procesos dentro de plataformas empresariales como SAP.

En entornos SAP, donde módulos como FI, MM o SD concentran procesos financieros, logísticos y comerciales, esa falta de visibilidad puede generar riesgos importantes.

  • Información sensible en herramientas dispersas

Uno de los primeros riesgos es que la información empiece a moverse entre distintas herramientas sin suficiente control. Cada área puede cargar datos, documentos, reportes o información interna en plataformas diferentes, sin que exista una política clara sobre qué se puede compartir y qué no.

Esto puede generar problemas como:

  • Datos sensibles almacenados en herramientas no autorizadas.
  • Información duplicada en varias plataformas.
  • Documentos internos usados sin validación.
  • Falta de claridad sobre quién tiene acceso a qué datos.
  • Mayor exposición de información operativa, financiera o comercial.

El punto no es bloquear el uso de IA, sino definir límites claros. Una empresa necesita saber qué información puede utilizar un agente, bajo qué condiciones y con qué nivel de supervisión.

  • Decisiones automatizadas sin trazabilidad

Otro riesgo aparece cuando los agentes de IA empiezan a influir en decisiones sin que sea fácil entender cómo llegaron a una recomendación, qué datos utilizaron o quién validó el resultado.

Esto puede ser delicado si la IA participa en tareas como análisis de operación, generación de reportes, priorización de solicitudes, soporte interno o interpretación de información crítica. Si no hay trazabilidad, la empresa puede perder claridad sobre el origen de una decisión.

Algunas preguntas importantes son:

  • ¿De dónde tomó la información el agente?
  • ¿Qué criterios siguió para generar una respuesta?
  • ¿Quién revisó o aprobó el resultado?
  • ¿Qué pasa si la recomendación es incorrecta?
  • ¿Cómo se corrige un error dentro del proceso?

Sin estas respuestas, la automatización puede parecer eficiente, pero operar con poca supervisión.

  • Procesos duplicados entre áreas

Cuando cada área adopta sus propios agentes de IA, también puede aparecer duplicidad. Diferentes equipos pueden estar automatizando tareas parecidas, usando herramientas distintas o construyendo flujos que no se comunican entre sí.

Esto puede provocar que la empresa tenga más tecnología, pero menos orden. En lugar de avanzar hacia una operación más simple, se crean múltiples versiones de un mismo proceso.

Por ejemplo:

  • Un área genera reportes con un agente y otra los construye con una herramienta distinta.
  • Varios equipos automatizan respuestas internas sin criterios comunes.
  • Cada departamento crea sus propias reglas para usar IA.
  • La información se interpreta de manera diferente según la herramienta utilizada.
  • Los procesos se vuelven difíciles de auditar o estandarizar.

Este tipo de fragmentación puede afectar la eficiencia real. Aunque cada equipo sienta que trabaja mejor, la operación completa puede volverse más compleja de coordinar.

  • Supervisión insuficiente sobre sistemas críticos

El riesgo más importante aparece cuando los agentes de IA empiezan a relacionarse con procesos, datos o plataformas empresariales como SAP, donde se sostiene buena parte de la operación del negocio. En estos casos, la automatización no puede manejarse como un experimento aislado.

Cuando una empresa depende de flujos financieros, logísticos o comerciales dentro de SAP, cualquier cambio en la forma de operar, analizar información o tomar decisiones necesita supervisión. No basta con que un agente sea útil; también debe ser confiable, trazable y compatible con la continuidad operativa.

Desde nuestra práctica en entornos SAP, hemos identificado que los mayores riesgos no vienen de la herramienta en sí, sino de integrarla sin revisar primero la arquitectura de datos, los flujos de aprobación y los controles de acceso existentes.

La pregunta no debería ser solo “¿qué podemos automatizar?”, sino también:

  • ¿Qué impacto tendría un error de este agente?
  • ¿Qué procesos podrían verse afectados?
  • ¿Quién supervisa su funcionamiento?
  • ¿Cómo se integra con los sistemas existentes?
  • ¿Qué controles existen para evitar riesgos operativos?
  • ¿Cómo se garantiza la continuidad si la herramienta falla?

Por eso, operar agentes de IA sin gobierno puede convertirse en un problema mayor que la falta de automatización. La IA puede aportar valor, pero necesita reglas, responsables y supervisión para no comprometer aquello que mantiene funcionando a la empresa.

La diferencia entre adoptar IA y gobernar IA

Adoptar IA y gobernar IA no es lo mismo. Aunque muchas veces se usan como si fueran parte del mismo proceso, en realidad representan dos niveles muy distintos de madurez tecnológica.

  1. Adoptar IA: empezar a usar herramientas

Adoptar IA significa incorporar herramientas, probar agentes, automatizar tareas o usar soluciones inteligentes dentro de ciertos procesos. Es el primer paso y, en muchos casos, surge desde necesidades muy concretas de cada área.

Por ejemplo, un equipo puede usar un agente de IA para:

  • Generar reportes.
  • Analizar información.
  • Responder solicitudes internas.
  • Documentar procesos.
  • Automatizar tareas repetitivas.
  • Apoyar actividades de soporte o monitoreo.

Este tipo de adopción puede traer beneficios rápidos. Ayuda a reducir carga manual, acelerar ciertas tareas y explorar nuevas formas de trabajo. El problema aparece cuando cada área adopta IA por separado, sin una visión común sobre cómo debe usarse dentro de la empresa.

Ahí la IA puede crecer de manera desordenada. La empresa puede tener muchas herramientas activas, pero poca claridad sobre qué hacen, qué datos usan, quién las supervisa o cómo se conectan con los procesos existentes.

  1. Gobernar IA: definir reglas, responsables y control

Gobernar IA significa ir un paso más allá. No se trata solo de usar agentes, sino de establecer las condiciones para que funcionen de forma segura, útil y alineada con la operación.

Esto implica definir:

  • Qué procesos pueden usar IA.
  • Qué información puede consultar cada agente.
  • Quién es responsable de supervisar sus resultados.
  • Qué decisiones deben seguir siendo validadas por personas.
  • Cómo se mide su desempeño.
  • Qué controles existen si una herramienta falla o entrega información incorrecta.
  • Cómo se integra la IA con los sistemas y procesos de la empresa.

Desde la visión de Novis, este segundo punto es clave. La IA empresarial necesita madurez tecnológica previa, procesos ordenados y criterios claros de control para generar valor real. Si una empresa todavía tiene información dispersa, sistemas poco integrados o procesos difíciles de supervisar, sumar más agentes puede amplificar esos problemas en lugar de resolverlos.

Por eso, la pregunta no debería ser únicamente “¿cómo usamos más IA?”, sino “¿cómo la gobernamos para que aporte valor sin poner en riesgo la operación?”. En entornos empresariales, especialmente cuando existen sistemas críticos, la automatización debe estar conectada con continuidad, seguridad, arquitectura, procesos y gobierno.

La diferencia es sencilla, adoptar IA permite avanzar; gobernarla permite avanzar con control.

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Cómo debería prepararse una empresa antes de escalar agentes de IA

Antes de sumar más agentes de IA, una empresa necesita hacer una pausa estratégica. No se trata de frenar la innovación, sino de asegurarse de que la automatización crezca sobre una base ordenada y no sobre procesos que ya tienen fricción, información dispersa o poca supervisión.

Escalar agentes de IA sin preparación puede parecer eficiente al inicio, pero con el tiempo puede generar nuevos puntos ciegos dentro de la operación. Por eso, antes de ampliar su uso, conviene revisar siete criterios clave.

  1. Qué procesos puede tocar la IA

No todos los procesos deberían automatizarse con el mismo nivel de libertad. Algunas tareas pueden ser de bajo riesgo, como organizar información, resumir documentos o apoyar actividades administrativas. Otras, en cambio, pueden tener impacto directo en operación, finanzas, clientes, seguridad o cumplimiento.

Antes de escalar agentes, la empresa debería definir:

  • Qué procesos sí pueden apoyarse con IA.
  • Qué procesos requieren validación humana.
  • Qué actividades no deberían automatizarse todavía.
  • Qué áreas necesitan mayor supervisión por su nivel de criticidad.

Esto ayuda a evitar que la IA avance sin distinguir entre tareas simples y procesos sensibles.

  1. Qué información puede consultar

Los agentes de IA trabajan con información. Por eso, uno de los puntos más importantes es definir qué datos pueden utilizar y bajo qué condiciones.

Una empresa debería tener claridad sobre:

  • Qué información puede compartirse con herramientas de IA.
  • Qué datos son confidenciales o sensibles.
  • Qué documentos requieren permisos especiales.
  • Qué fuentes son confiables y están actualizadas.
  • Qué información no debe salir de ciertos entornos internos.

Sin esta definición, la empresa puede exponer datos importantes o alimentar a los agentes con información incorrecta, incompleta o desactualizada.

  1. Quién valida sus respuestas o decisiones

Un agente de IA puede generar respuestas rápidas, pero eso no significa que siempre sean correctas. Por eso, mientras más impacto tenga una tarea, más importante es definir quién revisa, aprueba o corrige sus resultados.

La empresa debería preguntarse:

  • ¿Quién es responsable de validar lo que entrega el agente?
  • ¿Qué decisiones necesitan aprobación humana?
  • ¿Qué errores podrían tener consecuencias operativas?
  • ¿Cómo se corrige una respuesta incorrecta?
  • ¿Qué área se hace responsable del seguimiento?

La supervisión humana no elimina el valor de la IA. Al contrario, permite que se use con mayor seguridad y criterio.

  1. Cómo se integra con sistemas existentes

Un agente de IA no debería operar como una pieza aislada. Para generar valor real, necesita integrarse de forma ordenada con los procesos, datos y sistemas que ya sostienen la operación de la empresa.

Esto implica revisar:

  • Si el agente se conecta con sistemas existentes.
  • Si trabaja con información actualizada.
  • Si respeta los flujos operativos actuales.
  • Si puede generar duplicidad con otras herramientas.
  • Si su uso mejora el proceso o solo agrega otra plataforma más.

Desde una mirada consultiva, este punto es clave: antes de automatizar más, hay que entender cómo está construida la arquitectura tecnológica de la empresa. Si los sistemas no están ordenados, la IA puede heredar ese desorden y hacerlo más difícil de controlar.

  1. Qué riesgos operativos puede generar

Cada agente debería evaluarse no solo por lo que promete hacer, sino por el impacto que podría tener si falla, interpreta mal una instrucción o trabaja con información incorrecta.

Algunos riesgos que conviene anticipar son:

  • Errores en reportes o análisis.
  • Recomendaciones basadas en datos incompletos.
  • Automatización de tareas que requieren criterio humano.
  • Respuestas inconsistentes entre áreas.
  • Afectación a procesos críticos.
  • Dependencia excesiva de una herramienta no supervisada.

La pregunta no es únicamente “¿qué puede hacer este agente?”, sino “¿qué podría pasar si lo hace mal?”.

  1. Cómo se monitorea su desempeño

Escalar agentes de IA también requiere medir cómo están funcionando. No basta con implementarlos y asumir que generan valor. La empresa necesita monitorear su uso, resultados, errores y nivel de adopción.

Algunos indicadores útiles pueden ser:

  • Frecuencia de uso.
  • Calidad de las respuestas.
  • Errores detectados.
  • Tiempo ahorrado.
  • Procesos impactados.
  • Nivel de supervisión requerido.
  • Riesgos o incidencias generadas.

Esto permite tomar mejores decisiones: mantener un agente, ajustarlo, limitarlo o retirarlo si no aporta valor real.

  1. Qué pasa si el agente falla o entrega información incorrecta

Toda implementación de IA debería contemplar escenarios de error. Un agente puede fallar, entregar información incompleta, interpretar mal una instrucción o generar una recomendación que no corresponde al contexto.

Por eso, antes de escalar su uso, la empresa debería definir:

  • Qué hacer si un agente entrega una respuesta incorrecta.
  • A quién se reporta el error.
  • Cómo se corrige el proceso.
  • Qué tareas deben detenerse si hay una falla.
  • Cómo se evita que el error se repita.
  • Qué respaldo existe si la herramienta deja de estar disponible.

Este punto es especialmente importante cuando la IA participa en procesos relacionados con continuidad operativa, sistemas empresariales o información sensible.

Desde la visión de Novis, prepararse para escalar agentes de IA no significa solo elegir mejores herramientas. Significa revisar la arquitectura, los procesos, los datos, la operación y el gobierno tecnológico que permitirán que esa IA funcione con control.

La automatización puede ser una ventaja importante, pero necesita una base sólida. Antes de tener más agentes, una empresa necesita saber si está lista para integrarlos, supervisarlos y sostenerlos sin poner en riesgo su operación.

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En Novis, la IA se entiende como evolución tecnológica con control

La próxima etapa de la inteligencia artificial en las empresas no se va a definir solo por quién adopta más herramientas, sino por quién logra integrarlas con mayor criterio. Tener agentes capaces de analizar, responder o automatizar tareas puede ser una ventaja, pero también obliga a las organizaciones a hacerse preguntas más profundas sobre control, responsabilidad y continuidad.

Este punto será especialmente importante en empresas donde SAP sostiene procesos financieros, logísticos o comerciales. Si consideramos que la base de clientes de SAP participa en una parte significativa del comercio global, gobernar la IA dentro de estos entornos deja de ser un tema técnico y se vuelve una decisión estratégica. Si los agentes de IA empiezan a interactuar con información operativa, generar recomendaciones o apoyar decisiones dentro de estos entornos, la conversación ya no puede quedarse en la eficiencia. También debe considerar trazabilidad, supervisión, calidad de los datos y gobierno tecnológico.

Entendemos la IA como parte de una evolución más amplia: avanzar hacia operaciones más ágiles sin perder control sobre los sistemas que sostienen al negocio. Porque automatizar sin gobierno puede parecer progreso al inicio, pero con el tiempo puede convertirse en una nueva forma de desorden.

El verdadero reto para las organizaciones no será decidir si usan o no inteligencia artificial. Será definir qué tan preparadas están para gobernarla. Y ahí estará la diferencia entre sumar tecnología y construir una operación más madura, más visible y más confiable.

En Novis acompañamos a las empresas a evaluar qué tan preparadas están para escalar IA de forma segura, especialmente en entornos SAP. Si este tema ya forma parte de tus conversaciones internas, podemos ayudarte a revisar el punto de partida de tu operación: https://www.novis.com.mx/contacto/

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